El efecto Coolidge
Sólo un poco satiromaniaco
El Efecto Coolidge, que da título a este relato, explica muchas cosas, pero difícilmente puede describir el vacío emotivo de un calavera que se enfrasca en una venganza absurda, una aventura en la que un inconsciente intenta acabar con un imbécil.
El protagonista va esparciendo el caos a su alrededor a medida que avanza la partida. El nudo que él mismo ha provocado guiándose por lo que dicta aquello a lo que más quiere en el mundo, su sexo, aprieta en su garganta.
Así es como acaba cometiendo una estupidez tras otra, dejándose arrastrar por las circunstancias. Así es como atraviesa etapas de un viaje iniciático en el sexo y la emotividad, en el que cualquiera esperaría que encontrase redención.
En esta historia no ganan los buenos porque no hay ninguno.
Autores: A. Hernández y J. Miranda
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